"Ansiamos tener grandes y externas aventuras. Pero cada día interno que sucede en
nuestra mezquina y vulgar vida, es mucho más profundo y complejo que cualquiera de esas aventuras."
Dr. H. P. Habber ("Carne y símbolo)
"Inclusive hasta el mecanismo interno del deseo de una aventura, es mucho más profundo que la misma"
María Teresa de Mc Gnany (Ampliaciones a la obra de H. P. Habber)
Recuerdo cuando perdí el antepenúltimo empleo. Me bañé, me vestí, con cuidado y apuro como si tuviera un compromiso de horario, y salí disparado a la calle. Por ese entonces comenzaron mis peregrinaciones simbólicas. Las nuevas digo, porque de niño hacía proto-peregrinaciones.
Es solo un símbolo, como los peregrinos a Compostela.
Como los marmóreos pies en Grecia.
Es simplemente materia y conciencia.
Carne y símbolo.
Camino toco la piedra, vuelvo.
Observo a mi mente.
Carne y símbolo.
( "Carne y símbolo" - H. P. Habber)
Voy masticando un pensamiento generalmente doloroso. La vida de la calle me interrumpe, me distrae. El tránsito, el sexo, un diálogo banal, la lluvia, un edificio, unos chicos en bicicleta. No me detengo casi nunca. Incluso a veces acelero para restarle energía a la mente con los músculos. La noche que murió mi abuela mi madre se puso a fregar ropa compulsivamente. Yo acelero el paso.
“En nuestros tiempos los profetas no necesitan la soledad del desierto para que se les hable directo a sus corazones..Las grandes ciudades son igualmente efectivas.”
M. Sueiro
Me gusta peregrinar a partir del atardecer. Ver como las gentes llegan de sus ocupaciones.
Verlas reunidas a través de las ventanas de las casas, de los restaurantes.
Me repito hasta el cansancio
siempre la misma calle
la sensación de estar extraviado
inhallable para nadie
en barrios tupidos y silenciosos
de gente que está cenando
Todo, sumado a mi andar, me protege con un desamparo doloroso, aliviante. Caer en un pozo, sentir el fondo, no hay más de que preocuparse.
Ahora estoy dispuesto a inventarte. Extraña necesidad: irreal para poder tomarla, pero con un peso físico en el pecho. Pondré un rostro que vi por televisión. Yo no sé que es lo que quiero hacer con esos labios, mi tormento no se detiene en las prácticas sexuales.
Tus ojos de un azul tonto y bello. Todo depende de mí.
Soy el que arde con esas combinaciones.
Quiero besarte en primera instancia.
Pero nunca podré violar más que tu psiquis y tu cuerpo.
¿Qué más lejos se puede?.
Mirarme al espejo y ser vos. Sería bueno.
Ahora tenés el rostro de alguien que conocí.
Sigo peregrinando. Llego hasta tu casa, con la reja antirrobo, el jardincito embaldosado. Un gato blanco y marrón acurrucado. Un inmenso ¿fresno? ¿nogal? en la puerta. No distingo bien después de caminar tanto, sumadas la oscuridad y mi presión baja. Pego la vuelta.
Cruzo las vías de la estación Villa del Parque. Arcadia se llama en mis símbolos.
Como la tierra del ensueño pastoril en la que creían los griegos. Acá la gente no parece pobre, tiene hermosos jardines, vidrieras copiosas. Los niños tienen juguetes caros. Las chicas y los chicos tienen las curvas del deporte y el cuerpo en paz. Alimentados sistemáticamente con proteínas. Y no con abdómenes de azúcares refinados.
Y por sobre todo en Arcadia vivís vos, aunque creo te mudaste, no importa.
Para mí mitología no afecta.
Una vuelta escribí, sin dejar de caminar:
Vals de Arcadia
¡Cómo se acuesta y se levanta todo cada día!
Marea circular
mas dos olas nunca rompen igual
Avanzo y soy blanco de éste sol
sin sombras, han quedado abajo
Mediodía.
Cada abrazo su rato, bajo la constelación
el sosiego de no juzgar
el augurio de un pájaro
Cielos en rol sobre mis ojos
claroscuro alma de todos
cada cosa su demonio
Entrecierro los ojos y veo
geometrías de luces que van
Detener los colores
y no dejar de orbitar
Tironear los pulsos del aire
El río que adivina su cauce.
Luz manantial
La naturaleza su partitura ejecuta
creando dolor belleza
sin importar diferencia
Ser ingrávido y bello
no apoyado sobre nada
sobre desgracia de nada
¡Cómo se acuesta y se levanta todo!
Arcadia es como Strawberry Fields de John Lennon.
Mi sombra entra y sale de las otras sombras de la noche. Seguramente alguien ha visto las líneas vivas de mi cara, animadas por los focos y el andar, las luces de mercurio, el viento y los plátanos amarillentos.
Paso frente a un quiosco. Los adolescentes- pájaro. Y como pájaros, está en su naturaleza aletear escándalos y saquearnos los sembradíos.
Estoy conmigo mientras cruzo irradiando en la noche helada.
Debo exigir pulso a mi cuerpo para quitarle campo a mi mente.
Acelero el paso. Soy criatura de piel fría, carne tirana, hueso caliente,
mascando palabras. (Carne y Símbolo)
Vuelvo a casa.
Yo vuelvo haciendo dos cosas:
Volviendo y alejándome
Cuando me estoy escapando, he llegado
Cuando eludí todas esas gentes
Y entro en la penumbra de una calle, he llegado
Busco una brisa, busco el canto de algún grillo entre el tumulto
Yo huyo continuamente de todos
Pero sé también que ellos son muy importantes para mí
Estoy siempre cuestionándome en su mirada
Aunque nunca la voy a penetrar, solo torpes bosquejos
en los me lastimo por ser parte.
Llego. Generalmente dejé alguna luz prendida. Me lleno un vaso de whisky.
En el mundo real no ha sucedido nada. La mente ha ido y venido por el tiempo y el espacio, por infinidad de supuestos. He perseguido la Lejanía.
De esas cosas que quedan lejos
que no se ven, que no se como llegar,
que no tienen mapa aproximado,
que no tienen forma,
pero duelen
De esas cosas, la inmensidad
la lejanía, lo inabarcable, la ausencia
y no se que hacer
solo sentarme y mirar hacia el norte
No tengo más que la metáfora
y el dolor.
Fui a buscar a alguien con quien fantaseo. Recuerdo un sueño donde me decías:
- Mi madre te ha visto rondando el suicidio por las vías
Sonreí, y pensé:
- Eso no es cierto, pero me sirve de excusa para no "deschavar" mi interés sentimental
Entonces justificándome le digo:
-Yo no toqué la rosa, Señor. El romance consiste en mirar su lejanía y andar y andar,
caminar y andar, caminar y acostarse exhausto y borracho.
Yo sé que todo es una ilusión. Y sé que puedo destruirla.
Pero ¿qué quedaría de mí si acabara con la locura?.
Yo sé bien" Ni el beso de la boca más hermosa borra las paredes de esta mazmorra". (M. de Unamuno- Del sentimiento trágico de la vida).
Pero como decía Cioran: "que es el hombre sino polvo prendado de fantasmas"
Si le quitamos los fantasmas, no queda más que polvo.
"No hay nada más allá de la hilera de paraísos"
Arcadia´s Waltz (La Tierra de los Consuelos)
Los días buenos y malos se suceden con cierta regularidad.
Está sometido a dos polaridades fundamentales: la consolación y la desolación.
San Ignacio
Como en psicología, hay también en la vida "días compensatorios". Andando por la calle Yerbal, hacia el oeste, con el sol poniente delante. Algo cesó de rumiar. El ronroneo de la mente quizá. Como un zumbido que está siempre y ya no escuchamos por acostumbramiento. Pero se detiene y descubrimos que nos estaba perturbando.
Cesó. Ahí se reveló el contraluz de la tarde. Miré un álamo inmóvil. Una cara de sus hojas le daba existencia a la luz del sol. La otra cara, con su sombra, la nombraba.
Todos los contornos de las gentes y las cosas mordidos por la luz. Un haz de insectos.
“La película de la luz no deja de sorprenderme con sus trucos más simples.
Ante la luz siempre estoy en estado de infancia” G. Piafht
Ya se perdió el instante. Otra vez está el zumbido.
Somos como la tierra. Lo damos todo a cambio de unas gotas de lluvia.
Lo damos todo hasta hacernos grietas.
Quien pudiera dejarse suceder por la luz. La luz insostenible.
Quien pudiera tomar el estandarte de los poetas y hacer arco voltaico con el Infinito.
Sé que puedo enumerar un extraño conjunto. Momentos que no pidieron permiso a mí conciencia para conservarse. Fósiles de distintos tiempos, de distintas criaturas, que se han preservado sin importar nuestras explicaciones.
La brisa que me secó la transpiración en el cañón de dos edificios.
Dos compases de Schumann.
Un camino ondulante al borde del lago Huechulafquen.
Un momento de niños amarrados a mi cuello.
Una tormenta eléctrica en Monte, que me aterrorizó bellamente, detrás del alambrado, detrás de la arboleda.
Excitado y ebrio, una madrugada helada de julio, entregado al animal, olvidando el dolor de ser humano.
Esas veces que corrí de la playa hacia el mar, especialmente en la infancia y en el amor. El silencio de mi cerebro, esa vez sentado en tu casa. Con una ventana alta que miraba hacia el norte.
Una hermosa fila de plátanos, con unos zorzales que cantaban con el albor.
Los ojos enfermos de lejanía que vivían en un noveno piso de Flores, pero padecían en el horizonte.
Una vez que vencí la culpa. Era invierno en Buenos Aires. Violé el ciclo de las estaciones por primera vez en mi vida. Y fuimos al Norte. Y recuerdo un instante tendidos al sol, sin tocarnos. Quizá ese fue el punto más cercano en nuestras órbitas.
“Estamos hechos también de lo que no podemos nombrar.” Emily Dickinson
Todo lo que escribo trata de un hombre desempleado, vueltos sus pensamientos hacia si mismo.
"Se cree que existe un camino seguro. Pero éste sería el camino de los muertos."
(C.G. Jung)
No tener miedo, ir cada despertar como pájaros que recortan el cielo, como el cielo...
Contorneándolos.
Niño tumbado, a cielo abierto, sin referencia con el terreno
Abismándose.
Desperté con la marca de un beso dado en sueños
y suena como madera, acre y seca al herirse.
Voy leyendo el reflejo en el vientre de las nubes.
Los rincones vienen hacia mí. Y el zumbido del silencio...
Mi reflejo está entre el vidrio y la oscuridad.
Hechos de calles, que se cortan en terraplén, que se alejan doblando mi andar.....
Niños feroces, hechos de sobra, hechos de sombra.
La sobra y sombra de nuestro pactar.
Cada hombre que espera tiene una ventana.
Y cada hombre triste que espera, despierta al alba.
Y tiene un jilguero que le canta en esa ventana.
Y es bueno a las nubes ver retirar su sombra de los campos del sol.
Los domingos hay más pájaros.
No pude resolver la ecuación entre el mundo, el cuerpo, la psiquis, lo que perdura y lo que no. El temor que paraliza, el temor que nos lanza. En el patio de éste cuartel veo cumplir a cada uno su quehacer para sobrevivir.
El instinto de supervivencia es un universo tan misterioso como el cuadrante del espíritu Soñé con una mesa con una última taza de leche y unos panes de grasa.
" Duérmeme pronto
de la superficie del sobrevivir"
(R. M. Rilke)
Lo que más temo del temor, es su voz que no entiende razón. Su tiranía del cuerpo.
Su oscuridad que no me habla. El sin sentido que puede traer.
Necesito la razón de cada puntada, el símbolo que cure cada día. La señal infalible de cada encrucijada. Y que sea clara, tan clara como la que abre los pétalos. Como el mudo lenguaje que construye los nidos. Como el recto y resignado camino al cementerio de elefantes.
He experimentado, luego olvidado y más tarde escuchado por ahí: la envidia a los animales. El hombre no puede detener las voces, la cabeza llena de sentencias, cruza la calle, ve la paz de un gato desperezándose.
Un perro sucio y soñoliento echado contra un paredón soleado de otoño. Una bandada de gorriones emborrachando la mañana de un domingo.
Ellos despiertan el recuerdo de un estado de beatitud perdida.
Quiero aquí transcribir un poema de Gabriela Piafht: (Sepan disculpar las continuas
citas ajenas, pero me rondan inevitablemente).
La dignidad del felino
que en la estampa muscular
muestra la belleza de su fuerza
y en ella descansa
La raposería del homo,
librado de la extinción
por una astucia que por ser tal
jamás descansa.
(Omisión de Darwin)
jueves, mayo 04, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario